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SEMBRANDO CAPACIDADES / COOPERACIÓN BRASIL - COLOMBIA- FAO
y la ganadería implantada por los colonos. Estos
talan y queman la selva para establecer cultivos
de ciclo corto como maíz y arroz de secano, con
periodos de descanso de dos a tres años, y se
repite el ciclo hasta que la capacidad productiva
disminuye y se establece ganadería. También se
dedican a actividades extractivas como quina,
caucho, pieles, pesca y cacería.
Los indígenas integran tres espacios de uso, el
río, el bosque y las áreas agrícolas, de acuerdo
con su cultura ancestral y con las condiciones
biofísicas, ecológicas y climáticas de la zona.
Existe una relación complementaria y profunda
entre los sistemas de producción en las chagras,
con la pesca, la caza y la recolección de alimen-
tos para el autoconsumo. La chagra se consti-
tuye en patrimonio tanto por la sustentabilidad
de las prácticas de cultivo como por su incon-
mensurable valor simbólico.
Las chagras amazónicas son uno de los mejo-
res ejemplos que existen en Colombia de las si-
nergias entre la humanidad y la naturaleza. Este
sistema ancestral, que se ha mantenido vivo por
milenios, es el lugar de conservación de muchas
especies endémicas de ora, puesto que “con-
tiene una excepcionalmente alta diversidad de
especies, alrededor de un cuarto de las que exis-
ten en el mundo. Se ha estimado que contiene 30
mil especies de plantas vasculares, incluyendo de
cinco mil a 10 mil especies de árboles. Del total,
dos mil han sido clasifi cadas por su utilidad para
la alimentación, la medicina y otros fi nes
2
.”
La cosmovisión indígena que considera las
complejas interacciones entre la dimensiones
económica, social, ecosistémica y simbólica, se
ve representada en el uso y aprovechamiento de
los recursos naturales a partir de la chagra, que
más allá de ser un espacio de cultivo, representa
sus formas de organización, cohesión social y
relacionamiento con el mundo (Gómez, 2002).
El amplio acervo de conocimiento construido
a partir de la estrecha relación de las comuni-
dades indígenas con la naturaleza ha permitido
acumular conocimientos empíricos que han
derivado en saberes mágico-religiosos que fun-
damentan el funcionamiento en conjunto de los
sistemas tradicionales y las prácticas sociales.
La chagra es re ejo no solo del trabajo físico
sino espiritual (Román, 2007).
En la chagra los rituales y la mitología cobran
vida, puesto que para instaurar una chagra las
comunidades solicitan el permiso de la natura-
leza, permitiendo que el espíritu de la selva le dé
vida a los cultivos, por tanto no se requiere de
fertilizantes adicionales ni pesticidas químicos
para mantenerla, sino el conocimiento tradicio-
nal que se erige como la clave de la conservación.
Adicionalmente, la mitología está íntimamente
relacionada con las prácticas al interior de la
chagra, los roles de género, el trabajo colectivo,
la transmisión de conocimientos, la educación,
la protección del territorio, los alimentos, entre
otras. Según la mitología, la “gente de centro
3
”
considera que ha sido favorecida por el creador
al serles concedido un medio natural de condi-
ciones especiales.
Teniendo en cuenta lo anterior, la chagra no es
solo un sistema de producción alimentaria que
se construye a partir de la asociación de culti-
vos, sino que también es la representación tan-
gible de la cultura indígena, siendo la base de su
sociedad, puesto que en ella se organizan las
familias de la comunidad y se establecen los
roles de cada uno de sus miembros. Sin em-
bargo, las presiones externas han modi cado o
restringido las prácticas propias, causando ho-
mogenización de especies en la chagra (la diver-
sidad de especies tradicionales y de las plantas
medicinales ha disminuido a casi la mitad), en
detrimento del conocimiento asociado a ella, el
desplazamiento de las dietas tradicionales, au-
2 Ibíd.
3 La autodenominada “gente de centro” se conforma de un conjunto de etnias amazónicas que poseen rasgos culturales comunes que los identi can como una
gran familia, cuyo entorno cultural gira alrededor de tres elementos fundamentales representados por tres especies vegetales: la coca (Erythroxylum coca Lam.),
el tabaco (Nicotiana tabacum L.) y la yuca dulce (Manihot esculenta Crantz), que actúan sobre un solo principio: la vida (Mendoza et al., 2017).