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SEMBRANDO CAPACIDADES / COOPERACIÓN BRASIL - COLOMBIA- FAO
agua dulce y 16 rezagadas de agua dulce. Sin
embargo, algunas especies como bocachico,
mojarra, dentón, doncella, charre y bagre han
disminuido, probablemente por la explotación
de oro y platino y por la contaminación por mer-
curio y otros lixiviados derivados de la produc-
ción de cultivos de uso ilícito, así como por la
introducción de especies foráneas.
Factores climáticos como los largos periodos
de inundaciones, el deterioro de los suelos,
la introducción de prácticas de la agricultura
convencional (semillas mejoradas, insumos de
síntesis química, etc.), el incremento de plagas,
la falta de asistencia técnica para pequeños y
medianos productores/as, así como el despla-
zamiento forzado, el con icto armado y la vio-
lencia, di cultan la producción de cultivos im-
portantes para la seguridad alimentaria como
arroz, maíz, cacao, plátano y chontaduro.
La caña se produce principalmente para abas-
tecer las necesidades de la familia y de ella se
extrae guarapo y viche. El viche es una bebida
ancestral, con una alta graduación alcohólica
(30% en promedio) que se extrae de cañas nati-
vas que emiten gran cantidad de jugo, quienes
lo producen indican que las variedades proce-
dentes del Valle presentan rendimientos más
altos que las variedades de caña negra y amari-
lla, propias de la región (Meza et al., 2012). Las
variedades usadas son criollas y en ocasiones
se mezclan con variedades como POJ2878,
POJ2714, blanca, morada y negra (Convenio
Corpoica-Fonade 2000).
Esta bebida es importante para la economía
familiar, ya que fortalece su seguridad alimen-
taria. Generalmente se siembra en los bordes
de los ríos, ubicando de dos a cuatro cogollos
por ori cio con distancias entre 50 a 80 cm, sin
conservar surcos como tal. Algunos producto-
res/as explican que dependiendo de las zonas
donde crezca la caña, zonas altas, riberas de
los ríos o zonas costeras, puede adquirir carac-
terísticas del sitio. En los sistemas tradiciona-
les se cultivan al lado del chontaduro, plátano,
banano, topocho, lipino y palma de coco.
Se emplean prácticas de manejo ecológicas,
controlando arvenses manualmente dos ve-
ces por año y sin emplear insumos de síntesis
química, generalmente son cultivos viejos cuya
producción va en descenso. Es común que una
misma familia siembre en diferentes lotes para
tener acceso al producto durante todo el año,
considerando que el ciclo de la caña es de tres
meses; sin embargo, la producción puede va-
riar dependiendo de las necesidades del mer-
cado, por ejemplo, una investigación realizada
por Meza et al., indica que en Pilizá-Villa Luz, el
69.2% de las mujeres encuestadas no produce
viche durante los 12 meses del año, en Sivirú
un 50% y en Triana un 25% (Meza et al., 2012).
Algunas prácticas de manejo como el cultivo
intercalado de plantas medicinales con plantas
leguminosas incrementan la producción de bio-
masa y la diversidad de forrajes, conservan la
fertilidad del suelo y favorecen la adaptación al
tratarse de especies nativas. Por su parte, los
cultivos de cobertura y la combinación de plan-
tas medicinales optimizan la radiación solar,
incrementan la materia orgánica del suelo, dis-
minuyen la escorrentía, mantienen la humedad
del suelo, su establecimiento es de bajo costo
y se adapta a los conocimientos tradicionales
que tienen los agricultores y agricultoras sobre
el manejo y uso de las especies que serán usa-
das en la producción de las bebidas. Además,
las plantas medicinales que se mantienen dis-
persas entre los cultivos ayudan a regular el mi-
croclima, a controlar la dispersión de semillas
no deseadas y facilitan el crecimiento de espe-
cies que se dan naturalmente en la zona como
el orégano (Liloy et al., 2018).
Adicionalmente, después del corte de caña,
se emplea el bagazo para abonar las nuevas
plantas de caña o el plátano que se siembra